Historia de Génova

Te lo decimos y te lo repetimos: Génova es un libro de historia que, sin su actividad portuaria de siempre, jamás habría sido tan apasionante. Por eso te proponemos recorrer rápidamente los grandes capítulos de esa ciudad que, ayer como hoy, los locales llaman con orgullo la “Superba”. Pequeño puerto probablemente fundado en el siglo V a. C., Génova pasó por las manos de diversos pueblos. Cansada de ver sus tierras atacadas una y otra vez, la ciudad respondió apoyándose en su flota, que en el siglo XI ya tenía todo el poder de una gran fuerza naval. Llegó así la edad de oro de las cruzadas: más eficaz que su vecina Pisa, Génova logró dominar por completo el Mediterráneo occidental mientras extendía sus colonias por Oriente Medio. En 1099 su gobierno pasó a manos de cónsules, luego de un magistrado y, más tarde, de un “capitán del pueblo”. Entre los siglos XIV y XVI comenzó la era de los dux, al estilo de Venecia, una fórmula política que, pese a sus debilidades, perduró tres siglos. Al mismo tiempo, Génova brillaba gracias a exploradores como Colón, pero sufría luchas internas con Milán y conflictos externos con potencias como Francia. Superada por sus rivales, la capital de Liguria redujo su influencia en Occidente. Aun así, cuando todo parecía estar en contra, siguió siendo un gran centro comercial y bancario, creando el primer instituto de crédito moderno del mundo. En el siglo XVI, Europa estaba dividida entre la Francia de Francisco I y la España de Carlos V. Génova tuvo entonces que tomar partido, y Andrea Doria, gran estratega y brillante almirante, negoció la alianza militar, económica y política de la ciudad con el imperio español a cambio de su independencia. Una decisión clave para el futuro. Se proclamó la República de Génova y su situación comercial experimentó un ascenso espectacular: los comerciantes locales se convirtieron en expertos financieros y multiplicaron las operaciones de crédito con las grandes potencias europeas. La etapa que siguió, conocida como “el siglo de los genoveses”, fue la de mayor prosperidad de su historia. Entre 1684 y 1814, la república se debilitó por el declive económico de España, a la que seguía vinculada. Los Estados de Saboya en el Piamonte, la flota de Luis XIV y las tropas austriacas aprovecharon esa fragilidad para hacerse con el control del territorio. Pero sería ante el Imperio francés cuando Génova bajaría primero la guardia, hasta su caída y posterior anexión al Reino de Piamonte-Cerdeña de la Casa de Saboya. Tras la unificación italiana, impulsada por el general Garibaldi, llegaron las guerras mundiales. La capital ligur quedó devastada, pero resurgió durante el auge económico de los años sesenta. Cuarenta años después, la actividad portuaria volvió a cobrar protagonismo y en 2004 Génova fue nombrada Capital Europea de la Cultura. Por fin, la importancia histórica y cultural de la “Superba” era reconocida abiertamente en Europa.

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