

Palazzo Rosso
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«El primer palacio que vi fue el palacio Brignole; fachada roja, escalera de mármol en línea recta», escribía Gustave Flaubert en sus notas de viaje de 1845. Hoy, casi dos siglos después, te toca a ti disfrutar de esa misma escena, una de las más célebres y hermosas que esconde el centro histórico de esta ciudad portuaria. Hablamos del Palazzo Rosso, cuya historia empezó cinco siglos atrás. Reset por favor : en 1671, dos hermanos nobles genoveses, Rodolfo y Giovanni Francesco Brignole Sale, encargaron al arquitecto Pietro Antonio Corradi que hiciera realidad su último capricho: una residencia doble en la que cada uno ocuparía un piso. Tras seis años de obras, el reto quedó cumplido, al menos en cuanto a la estructura, porque en 1679 comenzaron las primeras intervenciones decorativas. Fresquistas y maestros del estuco trabajaron al unísono para embellecer los interiores de las 39 salas del palacio. En 1874, Maria Brignole Sale de Ferrari, última heredera del lugar, legó el edificio y toda su colección de pinturas a la ciudad de Génova. Strozzi, Van Dyck, Veronese… son algunos de los artistas reunidos en lo que hoy es un museo. A las obras pictóricas se sumaron monedas y cerámicas que enriquecen las demás salas de exposición. Combinando historia, arte y belleza arquitectónica, el Palazzo Rosso es uno de los tesoros más preciados del patrimonio genovés, algo que desde 2006 cuenta además con el sello de la UNESCO.
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