

La plaza San Francisco
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Con sus 136 metros de largo, la plaza de San Francisco formaba antiguamente parte del corazón ceremonial inca. Pero en 1572, el virrey Francisco de Toledo decidió instalar allí a las órdenes religiosas. La plaza tomó entonces el nombre de los frailes franciscanos y se convirtió en el segundo lugar más importante de la ciudad colonial.
Tómate un par de minutos para observar lo que te rodea. En la esquina de las calles Granada y Tordo, fíjate en la Casa de Clorinda Matto de Turner. En 1889, esta escritora publicó allí Aves sin nido, la primera novela en denunciar la violencia ejercida contra las poblaciones indígenas.
¿El resultado? Un escándalo monumental, una excomunión inmediata y libros quemados en público. Una época encantadora, ¿verdad?
Ahora vuélvete hacia la imponente iglesia y convento de San Francisco. Reconstruido tras el terremoto de 1650, el conjunto esconde dos auténticos tesoros. Para contemplar el primero, tendrás que levantar bien la vista.
Se trata de un árbol genealógico de la Orden Franciscana, pintado en 1699. Con sus 12 metros de alto, 9 metros de ancho y más de 680 personajes, ¡es nada menos que una de las pinturas más grandes de América Latina! Para descubrir el segundo tesoro, en cambio, tendrás que mirar hacia abajo.
Se trata de unas impresionantes catacumbas subterráneas donde descansan huesos acumulados durante siglos. Aunque estas no se pueden visitar, sí puedes recorrer el hermoso claustro del convento.
Ce point d'intérêt est présent dans les parcours ...
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