Estatua de Joao Abel de Freitas

©Dr. Thomas Liptak CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/deed.fr>via Wikipedia Commons

A tu izquierda se levanta la estatua de un personaje muy conocido en Madeira: João Abel de Freitas. Fue médico y político, nacido en la isla, y un auténtico visionario que dejó una profunda huella en la memoria de los madeirenses. Se le recuerda por su labor durante la Primera Guerra Mundial, pero sobre todo por los avances que trajo tanto a la ciudad de Funchal como a toda la isla. Gracias a él se construyeron algunos de los edificios más importantes de la ciudad, se modernizaron las calles, se mejoró la red vial y el acceso a los recursos. Fue clave en la planificación de varios barrios y en la creación de escuelas. Además, se volcó en causas sociales y presidió numerosas asociaciones locales. Sin su implicación, es probable que la isla y su capital no fueran hoy lo que son. No es de extrañar que tenga su estatua aquí. Y ya que estamos, fíjate en el suelo por donde caminas. Estos adoquines son típicos de Madeira y forman parte del patrimonio local; incluso puede que te recuerden a los que se ven en Lisboa. Aquí esta tradición se conoce como Calçada Madeirense, que significa literalmente “acera madeirense”. Se trata de un pavimento hecho con miles de piedras blancas y negras que crean mosaicos por toda la ciudad. A menudo se utilizan para formar dibujos que evocan la historia, la cultura y las tradiciones de la isla. Estas piedras, en su origen, servían como lastre en los barcos para mantener el equilibrio durante la navegación. Con el tiempo, empezaron a utilizarse para adoquinar las calles en un trabajo meticuloso, artístico y muy tradicional. Las verás durante todo tu recorrido por Funchal.

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