El Museo Vasa

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Estamos de acuerdo en que un largavista no vendría nada mal para ver de cerca los detalles de ese barco que se ve a lo lejos, y que por sí solo representa el museo marítimo más visitado del país. La historia detrás de esta joya cultural es tan increíble que basta por sí sola para atraer a las multitudes. En 1626, el rey sueco Gustavo II Adolfo ordenó la construcción de un enorme navío de 1.200 toneladas y 64 cañones para reforzar la flota naval.

Cuando el Vasa estaba listo para zarpar desde el puerto de Estocolmo, un fuerte viento lo hizo dar un vuelco y hundirse a solo unos metros de la costa, tras apenas 18 minutos en el mar. Aun así, se lamenta la muerte de entre 30 y 50 personas de los 150 tripulantes que iban a bordo. Tras casi tres siglos bajo el agua, los restos del barco fueron encontrados en el verano de 1956 gracias a la labor de un técnico de la marina sueca.

Desde 1990, este gigante del siglo XVII, conservado en un 98 %, se ha convertido en una atracción cultural imprescindible que muestra de forma muy concreta cómo era la navegación en aquella época. Incluso se puede ver una colección de objetos originales recuperados del interior del barco, además de restos óseos de los marineros que perdieron la vida en el naufragio.

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