

El Palacio de la Nobleza
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Aquí tienes el Riddarhuset, el Palacio de la Nobleza, uno de los grandes símbolos de la aristocracia sueca. Levantado en el siglo XVII con un imponente estilo barroco, fue mucho más que un palacio: durante más de dos siglos funcionó como el parlamento de la nobleza. Entre 1668 y 1865, las familias nobles se reunían en su gran sala junto a los otros tres estamentos del reino —el clero, la burguesía y el campesinado— dentro del sistema de los estados. Las paredes de esa sala aún están cubiertas con miles de escudos heráldicos, testimonio de las más de dos mil familias introducidas en la nobleza sueca. El Riddarhuset tenía también una función administrativa: allí se llevaban los registros, se verificaban los títulos y se celebraban ceremonias solemnes. Algunas reuniones, como las de la “Comisión secreta” en el siglo XVIII, llegaron a tener un peso decisivo en la vida política del país. Incluso su decoración tenía un sentido simbólico: el techo pintado por David Klöcker Ehrenstrahl mostraba a Suecia rodeada de virtudes políticas, como una forma de legitimar el poder de los nobles. Cuando en 1866 se abolió el sistema de los cuatro estados para dar paso a un parlamento moderno, el palacio perdió su función política. Sin embargo, hoy sigue siendo la sede de la corporación nobiliaria y un edificio cargado de historia, que recuerda el papel que desempeñó la aristocracia en la construcción del reino de Suecia.
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