

La catedral de San Nicolás
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El edificio religioso más importante de Estocolmo es, sin duda, la catedral de San Nicolás. La historia cuenta que ya en el siglo XIII existía en este mismo lugar una capilla de madera, gracias a Birger Jarl, quien además es considerado el fundador de la ciudad. Pero claro, cuando se usaba madera como material principal de construcción, todo acababa con frecuencia convertido en una gran antorcha en llamas… y luego en cenizas. Y, como te imaginarás, eso fue exactamente lo que le ocurrió a aquella primera capilla. Para reemplazarla, se inauguró en 1306 una gran basílica de estilo gótico. Ese estilo aún se conserva en el interior, pero la fachada actual de la iglesia muestra claramente la huella del barroco. Religiosa, sí, pero también histórica y política, la catedral de San Nicolás ha sido escenario de varias coronaciones y bodas reales, como la de la actual heredera al trono, la princesa Victoria de Suecia. Y como extra, aquí se conserva la pintura más antigua que existe de Estocolmo, que data de 1535. Dicho así, ¿no merece la pena echarle un vistazo? Frente a la catedral, el obelisco de Slottsbacken rinde homenaje a los habitantes de Estocolmo que defendieron su ciudad durante la guerra ruso-sueca. Fue erigido en 1800 por orden de Gustavo III, pero dos siglos más tarde tuvo que ser desmontado debido a las grietas, hasta que en 2020 se reconstruyó en granito rosa, alcanzando una altura de 30 metros. Un detalle curioso: bajo la piedra superior descansa un pequeño anillo de oro, un recuerdo personal dejado como homenaje por uno de los supervisores de la obra.







