Historia de Seúl

Estamos entrando en el barrio tradicional de Seúl, el lugar perfecto para contarte un poco sobre la historia de esta capital que hoy en día recibe turistas de todo el mundo. Los orígenes de la ciudad se remontan a la Antigüedad, más de dos mil años antes de nuestra era. En ese entonces se llamaba Wiryeseong y ya era la capital de uno de los tres antiguos reinos establecidos en el territorio coreano. A partir del siglo X, estos reinos se unifican bajo la dinastía Goryeo, que gobernará durante cuatro siglos impulsando el comercio, el arte y la religión budista, que por entonces adquiere un papel central. En esa época, sin embargo, Seúl ya no es la capital. Tras varias invasiones mongolas que devastan la región, nace una nueva dinastía: la dinastía Joseon. Es, sin duda, una de las más importantes en la historia coreana, ya que logró expulsar a los mongoles y poner fin a los ataques japoneses que llevaban años afectando al país. En 1394, la ciudad —que por entonces se llamaba Hanseong— es designada como capital de la dinastía. Ubicada en un punto estratégico para el comercio y en armonía con la naturaleza, según los principios coreanos que valoran el equilibrio entre los seres humanos, las montañas y el agua, era el lugar ideal para instalar la residencia real. Rodeada por cuatro montañas y atravesada por dos ríos, su ubicación no podía ser más perfecta. El palacio del rey se construyó justo frente al monte Bukhansan, considerado protector sagrado de la ciudad. Durante los cinco siglos que duró esta dinastía, Corea vivió aislada, protegida por fortificaciones para defenderse de ataques mongoles, chinos y japoneses. No fue hasta el siglo XIX que el país comenzó a modernizarse, forzado a abrirse al exterior, sobre todo por presión de Japón, que obligó a abrir sus puertos. En esa época, Seúl estaba muy lejos de parecerse a las ciudades europeas ya llenas de grandes construcciones o rascacielos, pero su crecimiento fue rápido, especialmente durante la ocupación japonesa entre 1910 y 1945. Los japoneses no dudaron en destruir parte del patrimonio coreano para reemplazarlo por sus propias edificaciones. Durante ese periodo, la ciudad fue renombrada Kyongsong y se modernizó profundamente: fue la primera ciudad del sudeste asiático en tener agua corriente, electricidad, tranvía y teléfono. Tras la liberación de la dominación japonesa en 1945, Seúl sufrió solo cinco años más tarde los estragos de la guerra de Corea, un conflicto que duró tres años y que terminó dividiendo el país en dos. Desde entonces, Seúl es la capital de Corea del Sur, país aliado de Estados Unidos. La reconstrucción de la ciudad comenzó a finales de los años 50, y unas décadas después, con el boom económico y demográfico, comenzaron a alzarse torres y rascacielos. Abierta al mundo, Seúl fue sede de los Juegos Olímpicos de 1988 y del Mundial de fútbol en 2002. Hoy es una ciudad moderna, dinámica y llena de energía, pero que ha sabido conservar también una parte auténtica de su historia, lo que la convierte en un destino fascinante para viajeros de todo el mundo.

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