El Hotel Capri

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La magia de La Habana es la cantidad de veces que te conducen a través de las puertas del tiempo. Desde el periodo colonial hasta los años 40 y 50, una época sigue a otra. Y cuando les toca el turno a los edificios hoteleros históricos del Vedado, la época dorada de la mafia habanera pasa a primer plano. Tal es el caso del Hotel Capri, frente a ti. En 1955, el presidente cubano Fulgencio Batista fue el autor de una nueva y ambiciosa ley hotelera. A cambio de préstamos gubernamentales y otras exenciones fiscales, el político buscaba inversores potenciales dispuestos a construir hoteles de lujo y casinos en la región del Vedado. Su atractivo es especialmente fuerte entre la mafia estadounidense, que está decidida a aprovecharse de la situación. Meyer Lansky, conocido como el «cerebro de la mafia», llegó con todos sus socios. En el marco de este proyecto, el gángster Santo Trafficante Junior fundó el Hotel Capri en 1957. Además de sus 200 y pico habitaciones, el hotel tenía una piscina en su azotea, desde la que se rodaron varias escenas cinematográficas. Pero también era un casino-cabaret, cuyos beneficios, incluidos los de la prostitución, se repatriaban directamente a Estados Unidos, quedando así exentos de impuestos por el gobierno cubano. Varias estrellas de Hollywood frecuentaron el local, entre ellas George Raft y Frank Sinatra, por nombrar sólo a algunas. Nacionalizado por el gobierno en 1960, el Hotel Capri permaneció cerrado durante décadas antes de reabrir en 2014 bajo la gestión del grupo español NH Hotel.

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