

Castillo de Ljubljana
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Estés ya en lo alto de la colina o lo distingas desde abajo, hablemos un momento del Castillo de Ljubljana que te acompaña desde tu llegada. Esta silueta domina la ciudad desde hace casi nueve siglos, y generaciones enteras han levantado la vista hacia ella antes que tú. Imagina que en el siglo XI no era más que una sencilla fortaleza medieval ocupada por soldados encargados de vigilar el valle y las rutas comerciales. Un emplazamiento estratégico, entre los Alpes y el Adriático, entre el norte y el sur de Europa. En el siglo XIV la región pasó a manos de los Habsburgo, la poderosa dinastía austríaca que gobernó gran parte de Europa Central. Entonces Eslovenia formaba parte de lo que se llamaba Carniola, una de las provincias de su vasto imperio. Los nuevos señores demolieron el antiguo castillo local para levantar uno más imponente. Pero en 1511 un devastador terremoto obligó a reconstruirlo de nuevo, dándole la silueta que ves hoy, mitad residencia, mitad fortaleza. El siglo XIX cambió por completo su función: dejó de ser militar para convertirse en prisión, y generaciones de reclusos pasaron por aquí hasta 1919. Fue también en esa época cuando se levantó la gran torre de piedra que sustituyó a la anterior de madera. Funcionaba como puesto de vigilancia: se izaban banderas o se disparaba un cañón para avisar a la ciudad en caso de incendio o de algún acontecimiento importante. El gran giro llegó en 1905, cuando el alcalde Ivan Hribar compró el castillo en nombre de la ciudad. Desde entonces dejó de ser fortaleza y cárcel para convertirse en un espacio público donde se organizaban paseos, fiestas y ceremonias. Aún hoy, cada mes de mayo, se celebran los “Castle Days”, que recuerdan aquel paso del poder imperial al patrimonio común de los habitantes. En la actualidad, el castillo es uno de los grandes centros culturales y turísticos de la capital. Puedes recorrer sus patios, subir a la torre para disfrutar de un panorama de 360° sobre Ljubljana e incluso viajar por los siglos con la “Time Machine”, una visita guiada teatralizada que recrea las grandes épocas de la ciudad. La subida en sí ya es una experiencia y da acceso gratuito a varios espacios interesantes. Y si decides explorar el interior, no te pierdas la capilla de San Jorge: su techo está cubierto de escudos pintados, los de los gobernadores de Carniola. Como si cada dirigente hubiera dejado aquí su tarjeta de visita, formando hoy un curioso organigrama pintado en los muros, único en toda Eslovenia.







