Fiebre del oro y nacimiento del Silver State

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Durante tu visita a Las Vegas seguramente ya habrás descubierto la historia del Strip y de los primeros hoteles-casino que se instalaron allí, convirtiendo la ciudad en la capital del juego y del entretenimiento. Pero ¿conoces la historia de Nevada antes de todo eso? ¿Sabes cómo se creó el estado y cómo la fiebre del oro contribuyó a moldearlo con el paso de los años? Volvamos un momento atrás. Antes de los neones, los casinos y antes incluso de Las Vegas, Nevada era una tierra de polvo, montañas áridas… y metales preciosos. A mediados del siglo XIX, el oeste de Estados Unidos se vio sacudido por la fiebre del oro. Miles de buscadores cruzaron las llanuras con la esperanza de hacerse ricos. Aunque California atrajo primero toda la atención en 1849, el territorio que más tarde sería Nevada también entró en la historia gracias a un descubrimiento decisivo diez años después: el Comstock Lode, uno de los mayores yacimientos de plata y oro jamás encontrados en Estados Unidos. Miles de mineros acudieron entonces a las montañas de Nevada para explotar los metales escondidos bajo tierra. En pocos años, un campamento polvoriento se transformó en una auténtica ciudad: Virginia City, que llegó a ser una de las más ricas del oeste estadounidense. A diferencia de la famosa fiebre del oro de California, aquí fue sobre todo la plata la que atrajo a la multitud, aunque también se extraía oro. En muy poco tiempo surgieron otras ciudades en medio del desierto; algunas personas hicieron fortunas, otras lo perdieron todo. Este auge minero fue tan importante que contribuyó directamente a la creación oficial del estado de Nevada en 1864, en plena Guerra de Secesión. El gobierno federal quería asegurar recursos mineros estratégicos, especialmente la plata, para apoyar el esfuerzo de guerra de la Unión. Así Nevada entró en la Unión con el apodo de “Silver State”. Se estima que el Comstock Lode produjo en aquella época cientos de millones de dólares en oro y plata, una suma colosal. En Virginia City prosperaban teatros, bancos, saloons y hoteles. Pero, como ocurrió tantas veces en el Oeste, la euforia no duró para siempre. A medida que los filones se agotaban, muchas ciudades mineras entraron en declive y algunas terminaron convertidas en pueblos fantasma. Este ciclo —descubrimiento, auge y declive— marcaría profundamente la historia de Nevada. Más tarde, cuando la actividad minera empezó a disminuir, el estado buscó otras formas de atraer riqueza y población. En 1931 Nevada legalizó el juego, y Las Vegas inició una nueva fiebre, no hacia el oro, sino hacia el azar. Esa cultura del riesgo, nacida en las minas, terminaría moldeando la identidad única del estado. Hoy Virginia City todavía existe. Se ha convertido en una ciudad histórica bien conservada, con sus edificios de madera, sus aceras de época y antiguos saloons. Allí se pueden visitar minas, museos y pasear por las mismas calles donde nació una de las mayores fortunas mineras del país. Eso sí, se encuentra a más de seis horas en coche de Las Vegas, cerca del lago Tahoe. En cualquier caso, es precisamente esa idea de la fiebre del oro la que Downtown Las Vegas intenta mantener viva, a través de hoteles y establecimientos con nombres evocadores como Golden Nugget, Golden Gate o Golden Goose. La palabra “Golden” no hace referencia solo al metal precioso: también evoca la época de los buscadores, de las fortunas repentinas y del sueño americano al estilo del salvaje Oeste. Si antes los buscadores llegaban a Nevada con la esperanza de encontrar una pepita que cambiara su vida, hoy son los jugadores quienes vienen a probar suerte, ya no en las minas, sino en las mesas de blackjack y frente a las máquinas tragamonedas.

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