

Capilla de la Misericordia
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Caminando por la calle Gambetta, en pleno corazón del antiguo barrio de las grandes familias de navegantes, te encontrarás con una pequeña capilla discreta pero llena de encanto: la Capilla de la Misericordia, también conocida como la de los Penitentes Negros. Su historia se remonta al siglo XVII, cuando fue construida en 1635 para acoger a la cofradía de los Penitentes Negros, una hermandad piadosa dedicada a acompañar a los enfermos y honrar la memoria de los difuntos. Aunque de tamaño modesto, su arquitectura merece que te detengas a mirarla. Fíjate en su campanario coronado por una cúpula cubierta de tejas vidriadas de brillantes reflejos, tan típicas de las iglesias de la costa provenzal. El portal está tallado en serpentina, una piedra verde extraída no muy lejos de aquí, entre La Croix-Valmer y Cavalaire-sur-Mer. Son detalles que recuerdan cómo Saint-Tropez, pese a su apertura al mar, siempre ha sabido valorar los recursos de su propia región. Hoy la capilla está inscrita en el inventario de Monumentos Históricos y permanece abierta todo el año. Forma parte esencial de la vida religiosa tropense, sobre todo durante las Bravades en mayo, cuando las fiestas en honor al santo patrón llenan la ciudad de procesiones, disparos de trabuco y ceremonias religiosas. En esos días, la capilla se convierte en uno de los lugares de encuentro para los oficios y las marchas. Y si levantas la vista hacia la hornacina sobre la puerta, verás la estatua de la Virgen que, según se cuenta, fue derribada accidentalmente por una paloma. Restaurada por un escultor local, fue bendecida y recolocada en una ceremonia del Domingo de Ramos, devolviendo a la fachada su aspecto familiar. Al mirar hacia ese pequeño campanario colorido, uno entiende que esta capilla refleja por sí sola parte del alma de Saint-Tropez: sencilla y modesta por fuera, pero cargada de historia, tradiciones y vida comunitaria.







