Plaza Saint-Sauveur

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Ya estás en pleno corazón de Saint-Goustan, probablemente el barrio más apreciado de Auray. Pero antes de descubrir su puerto y sus antiguas casas, empecemos por el personaje que le dio nombre. Según la leyenda, Goustan era un joven originario de Cornualles.

A los 18 años, habría sido secuestrado por unos piratas y obligado a servir como grumete en su barco. Herido durante un ataque y considerado ya inútil por sus captores, fue abandonado solo en una isla, probablemente la de Houat. Para sobrevivir, Goustan consiguió pescar un gran pez.

¡Pero no uno cualquiera! Cada día comía un pedazo y, a la mañana siguiente, el pez aparecía milagrosamente entero de nuevo. Se cuenta incluso que la roca sobre la que dormía se habría ablandado para ofrecerle un lecho algo menos incómodo.

Finalmente, el monje Félix de Rhuys lo recogió y Goustan acabó convirtiéndose también en monje. Desde entonces se le considera protector de marineros y pescadores, y suele representarse con un pez en la mano. No es de extrañar, por tanto, que su nombre acabara imponiéndose poco a poco para designar este barrio tan ligado al río y a la navegación.

Pero dejemos ahora la leyenda y volvamos a la historia del lugar. Durante siglos, Saint-Goustan fue la parte baja de Auray, organizada en torno al puerto. Por encima se extendía la parte alta de la ciudad, dominada por el castillo de los duques de Bretaña, desde donde se controlaban el río, el puente y el paso de los barcos.

Sin embargo, en el siglo XII, el paisaje era muy distinto del que tienes hoy ante tus ojos. Saint-Goustan era todavía una pequeña población habitada por agricultores y algunos pescadores. No había hileras de casas junto al río y, como tampoco existían muelles, los barcos tenían que esperar a la marea y dejarse varar en la orilla para descargar sus mercancías.

El verdadero punto de inflexión llegó en el siglo XVII. En 1615 se construyó un primer muelle y, unas décadas más tarde, nuevas obras, entre ellas dos rampas de acceso al agua, completaron las instalaciones del puerto. Poco a poco, las casas fueron ocupando las orillas y la plaza Saint-Sauveur fue tomando forma hasta convertirse en el animado corazón del barrio.

Hoy cuesta imaginarlo, pero detrás de esa tranquila apariencia de postal, Saint-Goustan fue en otro tiempo un puerto lleno de marineros, comerciantes, carretas y mercancías llegadas, en ocasiones, desde muy lejos.

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