

Basilica di San Frediano
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Es posible que haya un detalle que te haya llamado la atención en la fachada de la Basílica di San Frediano, fundada en el siglo VI y reconstruida en el siglo XII: tal vez su magnífico ejemplo de arquitectura románica, o más probablemente ese enorme mosaico dorado que corona la fachada de piedra caliza blanca. Resulta imposible no fijarse en él, ya que representa la Ascensión de Cristo. Si observas la parte superior, en el centro de la composición aparece Cristo elevado hacia el cielo por ángeles de alas desplegadas; justo debajo, los doce apóstoles están alineados y lo contemplan. En origen, la Virgen María se encontraba en el centro de este grupo, pero su imagen fue recortada para permitir la apertura de la ventana que hoy puedes ver. El mosaico está compuesto por miles de teselas de vidrio coloreado y piedra, algunas de las cuales contienen finísimas láminas de oro atrapadas entre dos capas de vidrio; bajo la luz directa del sol, estos fragmentos reflejan la luz y le dan al conjunto un brillo casi cambiante, que varía según la hora del día. En el interior, el cuerpo de Santa Zita, una humilde sirvienta del siglo XIII muy venerada en Lucca, descansa hoy en esta basílica; según la tradición, repartía en secreto el pan de sus señores entre los pobres y, cuando fue sorprendida por su amo, este se habría transformado milagrosamente en rosas dentro de su delantal. Tras su muerte, su cuerpo fue hallado intacto, lo que contribuyó a su reputación de santidad y a su canonización. Pero quizá hayas notado también otro elemento que sobresale del tejado de esta hermosa basílica: con algo más de 55 metros de altura, el campanile de San Frediano es el segundo campanario más alto de la ciudad de Lucca, y se distingue por sus ventanas, que se multiplican a medida que se asciende por los distintos niveles; esta progresión permitía tanto aligerar la estructura como difundir mejor el sonido de las campanas por toda la ciudad.







