

Génova en 3 datos
Una cosa es segura: cuando pensamos en Italia, Génova no suele ser la primera ciudad que se nos viene a la cabeza. Y, sin embargo, ese perfil discreto y poco conocido anima a cada vez más viajeros a desafiar los prejuicios que la tachan de sucia e industrial. Se suele decir que donde está Génova hay grandeza, hay Mediterráneo y, sobre todo, hay sorpresas en todas sus formas. Y qué mejor que tres datos rápidos y ligeros sobre la Sublima dall’Italia para demostrártelo. Todo el mundo sabe que Italia es la tierra del pesto, esa salsa hecha con albahaca fresca, piñones, parmesano, aceite de oliva, sal y ajo, mezclados y machacados en frío dentro de un mortero. Pero quizá no sabías que fue Génova la afortunada que vio nacer este pilar de la gastronomía italiana, concretamente en el siglo XVI. Igual que en Bolonia se disfruta de la pasta boloñesa y en Milán de una cotoletta alla milanese, en Génova se unta sin remordimientos el Pesto alla Genovese. En el mundo de la moda, el vaquero es lo que llamamos un clásico que nunca pasa de moda. Antes de convertirse en un icono del American Way of Life, este pantalón tiene detrás una historia ligada a la peculiar manera estadounidense de pronunciar el nombre de Génova. En el siglo XVI, la ciudad portuaria exportaba grandes cantidades de tela azul para fabricar velas y lonas de barco, además de ropa para marineros. El blu di Genova, o azul de Génova, pasó a ser el Blue of Genoa y, con acento americano, Blue Jeans. El resto es fácil imaginarlo: en 1853, el bávaro judío Levi Strauss emigró a Estados Unidos y creó los jeans Levi’s, primero con esa tela gruesa y después con denim, más cómodo. En cuanto a la lotería, el loto, el rifle o el lotto con dos t, todos son nombres para un juego de azar en el que hay que acertar los números correctos de una cuadrícula ya preparada. Pero hoy nos interesa esta última denominación. Mientras ejercía como 55.º Dux o dirigente de la República de Génova, Benedetto Gentile convirtió el “lotto”, originalmente un sistema para renovar por sorteo a los miembros de su consejo municipal, en un juego que se hizo muy popular. Primero en Italia, luego en Francia con el rey Francisco I y, poco a poco, en el resto de Europa. Toda una historia.







