Puente Ebisu

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Antes de continuar tu recorrido en línea recta, gira a la izquierda y avanza hasta el puente que tienes aquí. Ebisubashi es el puente más famoso de Dōtonbori y uno de los lugares más reconocibles del barrio. Conecta las animadas zonas de Shinsaibashi y Namba, justo por encima del canal, y desde hace décadas es el punto de encuentro más popular de la ciudad. Al cruzarlo, te encontrarás en el centro exacto de la energía de Osaka: multitudes de visitantes, carteles luminosos, músicos callejeros y el flujo constante de peatones crean una atmósfera de fiesta casi permanente. Frente a ti aparece la imagen más icónica del barrio: el famoso cartel del Glico Man, ese corredor con los brazos en alto que domina la orilla del canal desde 1935 y que se ha convertido en el símbolo extraoficial de la ciudad. Cada noche, aproximadamente media hora después de la puesta de sol, los neones se encienden y transforman todo el paisaje en una escena de luz que se refleja en el agua oscura del canal. En ese momento, los visitantes suelen reunirse en medio del puente para imitar la pose del Glico Man, un ritual turístico que aquí ya es casi obligatorio. Bajo el puente, los barcos de crucero avanzan lentamente, ofreciendo otra perspectiva de los enormes carteles y de la arquitectura del barrio. Fue también aquí donde comenzó la famosa “maldición del Coronel”. En 1985, los Hanshin Tigers, el equipo profesional de la región, ganaron por fin el campeonato de béisbol. En Osaka, aquello provocó una auténtica explosión de alegría. Miles de aficionados se reunieron en Ebisubashi y empezaron a saltar al canal para celebrarlo. Los seguidores gritaban los nombres de los jugadores y, cada vez que se mencionaba uno, alguien que se le pareciera saltaba al agua. Cuando llegó el nombre de la estrella estadounidense del equipo, Randy Bass, los aficionados buscaron a alguien que se pareciera a él. Pero entre la multitud no había ningún jugador rubio y con barba. Entonces vieron una estatua del Coronel Sanders, la mascota de KFC. Barba, cabello claro, apariencia estadounidense… decidieron que serviría. Así que tomaron la estatua y la arrojaron al canal como si fuera el propio jugador. El gesto quedó en la historia porque, después de aquello, los Hanshin Tigers pasaron 18 años sin volver a ganar un campeonato, y muchos aficionados empezaron a decir que la estatua había traído mala suerte al equipo. Sea como sea, entre tradiciones, humor y un punto de exceso, ya puedes imaginar por qué este lugar es uno de los grandes imprescindibles de Osaka.

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