Historia

Mascate es una ciudad antigua, profundamente moldeada por el mar, las montañas y las grandes rutas comerciales del océano Índico, y si los puertos se establecieron aquí desde la Antigüedad no fue por casualidad. Su costa está formada por calas profundas y estrechas, protegidas de manera natural por relieves abruptos que ofrecían fondeaderos seguros frente a vientos y tormentas, una ventaja decisiva para los barcos antiguos y medievales. Situada a la entrada del golfo de Omán, Mascate se encuentra además en un eje marítimo fundamental que conecta el sur de Arabia, Persia, la India y África Oriental, lo que la convirtió durante siglos en una escala clave donde los navíos se abastecían de agua, reparaban sus cascos e intercambiaban mercancías como incienso, dátiles, especias o textiles.

Con la llegada del islam en el siglo VII, Omán se convirtió relativamente pronto, en un proceso que se difundió sobre todo a través de las redes comerciales y tribales que unían la costa con el interior de la península arábiga, más que mediante una conquista militar directa. El país adoptó mayoritariamente el ibadismo, una antigua rama del islam que defiende la moderación, la cohesión comunitaria y una cierta autonomía política, una especificidad religiosa que ha marcado de forma duradera la historia y la organización de la sociedad omaní. Mascate pasó entonces a ser un puerto musulmán activo, integrado en los intercambios del mundo islámico sin perder su dimensión marítima internacional.

A partir del siglo XVI, su posición estratégica atrajo a las potencias europeas y, en 1507, los portugueses tomaron la ciudad y fortificaron la bahía para controlar el comercio marítimo, construyendo entre otros los fuertes de Al Mirani y Al Jalali. Durante más de un siglo, Mascate fue escenario de rivalidades entre portugueses, otomanos, persas y británicos, hasta que en 1649 los omaníes recuperaron la ciudad e iniciaron una etapa de expansión marítima que convirtió a Omán en una potencia regional del océano Índico, con estrechos vínculos con Zanzíbar y la costa suajili. Mascate siguió siendo entonces una ciudad fortificada, protegida por murallas y puertas que se cerraban cada noche, organizada en torno al puerto, los zocos y los barrios administrativos, un carácter cerrado que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX.

El gran punto de inflexión llegó en 1970 con la llegada al poder del sultán Qaboos, que abrió el país, impulsó una rápida modernización y transformó Mascate: las fortificaciones perdieron su función, la ciudad se extendió a lo largo de la costa y se conectó con Muttrah y los nuevos barrios. Hoy, Mascate ya no es una ciudad compacta, sino un conjunto urbano que se extiende entre el mar y las montañas, donde palacios, fuertes y mezquitas evocan un pasado milenario, mientras que los puertos modernos, los museos y las infraestructuras reflejan una capital orientada hacia el futuro, una transformación que se percibe incluso en la evolución espectacular de la esperanza de vida de la población omaní, que ha pasado de unos 49 años en 1970 a cerca de 80 en la actualidad, uno de los progresos más rápidos jamás registrados en el mundo.

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