Cine Tuschinski

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Imagínate Ámsterdam en 1921. El cine todavía era una experiencia nueva, casi mágica. Y aquí, Abraham Tuschinski no quería limitarse a abrir una sala: soñaba con crear un auténtico palacio para la gran pantalla. La fachada misma anuncia su intención. El edificio parece salido de un extraño sueño, con sus formas art déco, influencias del art nouveau y su inconfundible estilo de la Escuela de Ámsterdam. Nada es discreto, y ese es precisamente el objetivo: que incluso antes de entrar, comience el espectáculo. En el interior, los espectadores descubrían un universo de terciopelo, luces doradas, techos pintados y decoraciones suntuosas. Ir al Tuschinski no era solamente ver una película: era disfrutar de una velada inolvidable. Hoy el cine sigue en funcionamiento. Aquí se proyectan películas, se celebran preestrenos y también puedes visitarlo para admirar su decoración histórica. Pero esta belleza esconde también una historia sombría: Abraham Tuschinski, su fundador, fue asesinado en Auschwitz en 1942. Su nombre, sin embargo, permanece unido a este lugar único. Más de un siglo después de su inauguración, el Tuschinski continúa cumpliendo el propósito para el que fue concebido: convertir una simple función de cine en una experiencia fuera de lo común.

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