Bolívar y la independencia del Perú

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Flanqueada por sus dos cóndores, la estatua de la Libertad te observa mientras cruzas el Arco de Santa Clara, considerado a menudo el arco de triunfo más hermoso del Perú. Construido en 1835 por el mariscal Santa Cruz, en un principio celebraba el nacimiento de la Confederación Perú-Boliviana. Pero este monumento abre, sobre todo, la puerta a la gran saga del continente: ¡el fin del Imperio español y la llegada del célebre Simón Bolívar!

Para entender bien la historia, volvamos a comienzos de la década de 1820. Sudamérica está en plena rebelión contra España, pero el Perú, repleto de oro y plata, sigue tan bien cerrado como una caja fuerte en manos del Imperio español. En 1821, un primer general desembarca en Lima y proclama la independencia del Perú.

Se trata de José de San Martín, que acaba de liberar Argentina y Chile. ¿El problema? Los españoles siguen firmemente atrincherados en las montañas de los Andes y no están dispuestos a rendirse.

¡Hay que expulsarlos para consolidar esa proclamación de independencia! San Martín comprende que no puede vencer solo. En 1822 se reúne con el otro gigante del continente, Simón Bolívar.

El encuentro se celebra a puerta cerrada, pero el resultado parece claro: San Martín, partidario de una monarquía constitucional, comprende que no hay sitio para dos héroes y deja el campo libre a Bolívar. Y este no se anda con medias tintas: el Congreso le concede plenos poderes, convirtiéndolo en un auténtico dictador militar. Pero para expulsar a los españoles hacía falta un hombre de hierro.

Dos batallas legendarias parecen darle la razón en 1824. Primero, la de Junín, en agosto, librada a más de 4.000 metros de altitud. La llaman “la batalla sin humo” porque, durante 45 minutos, la caballería combate únicamente con lanzas y sables, ¡sin que se dispare un solo tiro!

Después llega Ayacucho, en diciembre, donde su mano derecha, el general Sucre, derrota definitivamente al ejército del virrey y pone fin a 333 años de dominio español. Y el 25 de junio de 1825 llega la apoteosis. Bolívar entra en Cusco entre aclamaciones y recibe una corona de oro engastada con diamantes.

Visita Sacsayhuamán, recorre el Valle Sagrado y, sobre todo, firma una serie de decretos históricos. Ese mismo año, abole el trabajo forzoso de los indígenas, elimina el tributo colonial y ordena la restitución de las tierras usurpadas. Sin embargo, el idilio dura poco.

En 1826, Bolívar pretende imponer una Constitución “vitalicia”. Para los peruanos, el libertador empieza a parecerse demasiado a un nuevo opresor. Cada vez más cuestionado, abandona el país ese mismo año y muere en el exilio en 1830, dejando esta amarga frase: “He arado en el mar”.

Pero el Perú independiente ya había nacido, ¡y cada 28 de julio celebra su independencia!

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