

Monasterio de Santa Catalina
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Si durante tu paso por Arequipa solo pudieras visitar un lugar, tendría que ser este: el monasterio de Santa Catalina. Esta visita imprescindible es una auténtica ciudad dentro de la ciudad, con más de 20.000 m² escondidos tras altos muros de más de 4 metros. Su increíble entramado de calles empedradas, patios y fuentes permaneció celosamente cerrado al mundo durante 391 años y llegó a albergar hasta 300 religiosas, además de numerosas sirvientas, en un aislamiento casi total.
La historia de esta joya comienza de una forma bastante inesperada. Este lugar sagrado no fue fundado por una religiosa ni por un hombre de Iglesia, sino por doña María de Guzmán, una rica viuda laica, en 1579. Con el paso del tiempo, este remanso de oración se convirtió también en una importante potencia financiera.
Para tener el privilegio de ingresar, las jóvenes de la alta sociedad debían aportar una enorme dote de 1.000 pesos de plata. El monasterio llegó así a acumular una inmensa fortuna, hasta el punto de funcionar como un banco y conceder préstamos a la población local. Mientras recorres este laberinto, te llamará la atención el auténtico festival de colores que te rodea, con paredes azules, amarillas y ocres.
La piedra utilizada para construir el complejo procede de los dos volcanes vecinos, el Misti y el Chachani. Los constructores de la época mezclaron además el mortero con polvo volcánico y cal para levantar muros dobles de una resistencia excepcional. Gracias a esta técnica, que necesita casi un siglo para secarse por completo, el monasterio cede ante los terremotos, pero nunca llega a romperse.
Aunque hoy el complejo es un fascinante museo abierto todos los días de 9:00 a 18:00, sigue siendo un lugar lleno de vida. Las monjas dominicas continúan ocupando el ala norte del monasterio, donde elaboran productos artesanales. Para disfrutar al máximo de la experiencia, puedes recorrer sus calles durante el día u optar por las visitas nocturnas de los martes y miércoles, cuando sus callejuelas se iluminan con la tenue luz de las lámparas.
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