El Palacio Real

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Imponente en su estilo barroco y con unas dimensiones colosales, el Palacio Real está profundamente ligado a la historia de Estocolmo, como un valioso testigo de su pasado glorioso. Aunque sus cimientos se remontan a la Edad Media, no fue hasta comienzos del siglo XVII, bajo el reinado de Gustavo II Adolfo y su hija Cristina de Suecia, cuando el edificio asumió por fin su función principal como residencia oficial de la monarquía. Su forma actual no se definió hasta el siglo siguiente, tras una larga etapa de reconstrucción motivada por un devastador incendio en 1697.

A lo largo del tiempo, los monarcas que vivieron entre sus muros fueron embelleciendo los interiores con estilos que van desde el Renacimiento y el Barroco hasta el Neogótico, sumando además volúmenes cada vez más impresionantes. Para que te hagas una idea, en 2009 el Palacio Real contaba con nada menos que 1.430 estancias: entre ellas, los apartamentos de la familia real, habitaciones para invitados, salas de ceremonias y eventos, una iglesia, tres museos y la sala del tesoro donde se conservan las joyas de la corona. Después de eso, uno se pregunta cómo se puede mantener tanta superficie…

salvo que, claro, tengas a tu servicio un ejército de 200 empleados a tiempo completo. Aunque sigue siendo ante todo un lugar de residencia y de trabajo, el Palacio Real también es un monumento histórico y cultural parcialmente abierto al público durante todo el año. Y muchos visitantes no se pierden por nada del mundo el famoso cambio de guardia, que se celebra frente a la explanada y dura unos 40 minutos.

Toma nota: empieza a las 12:15 de lunes a sábado, y a las 13:15 los domingos.

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