

Torre del reloj
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¡Aquí la tienes! La magnífica torre del reloj de Berna, conocida como la Zytglogge en dialecto bernés. Cada hora en punto, ofrece un pequeño espectáculo encantador: el carrusel de sus figuras medievales. Tres minutos antes de que suene la hora, se activa el carillón, todavía puesto en marcha a mano gracias a un mecanismo del siglo XVI. Todo comienza, como el día, con el canto del gallo. Luego aparece un bufón que agita las campanitas sobre su cabeza, marcando de antemano cuántas campanadas dará el reloj, mientras a sus pies desfilan siete osos —uno por cada día de la semana— frente a la figura de Cronos, la personificación del tiempo. El primer oso, montado a caballo, representa el domingo. Los demás, de lunes a sábado, encarnan distintos oficios. Un pequeño detalle divertido: el cuarto oso, que representa el miércoles, gira la cabeza al aparecer, como para recordarnos que estamos a mitad de semana. Al llegar la hora en punto, Cronos da la vuelta a su reloj de arena, agita su cetro dorado y mueve la cabeza con cada campanada, acompañado por un león dorado que sacude también su melena. Y no te olvides de mirar hacia arriba: al mismo tiempo, el autómata del jacquemart golpea la gran campana con su martillo. Si no estás justo a la hora, no pasa nada: puedes aprovechar para admirar el increíble reloj astronómico. Muestra la hora local de Berna, que tiene un desfase curioso: 90 minutos con respecto al horario de verano y 30 en invierno. La aguja señala la posición de la luna, una esfera negra y dorada indica sus fases, y otra esfera giratoria muestra los signos del zodíaco. Y si quieres descubrir el otro lado del decorado, puedes hacer una visita guiada —pública o privada— por un precio muy razonable. En menos de una hora verás de cerca el mecanismo de esta joya histórica… y disfrutarás de unas vistas espectaculares desde lo alto de sus 130 escalones.
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