Historia de Bangkok

Tras esos altos muros blancos se esconde uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: el Gran Palacio. Si levantas la vista, ya podrás ver las agujas doradas que sobresalen, promesa de las maravillas que guarda este inmenso complejo. Fundado en 1782 por el rey Rama I, en el mismo momento de su coronación y del nacimiento de Bangkok como capital, el palacio comenzó siendo un conjunto provisional de construcciones de madera y empalizadas de bambú. Había que ir rápido, ante la falta de materiales. Muy pronto, aquellas estructuras temporales fueron reemplazadas por muros de ladrillo y estuco, y todo el recinto quedó protegido por casi dos kilómetros de murallas y puertas monumentales. En su interior encontrarás un centenar de edificios: pabellones, salas del trono, patios y templos, entre ellos el célebre Wat Phra Kaew y el Buda de Esmeralda. Durante más de dos siglos, el Gran Palacio fue el corazón político y espiritual del país. Hoy sigue siendo escenario de grandes ceremonias reales, aunque parte de él está abierto al público como museo. Pero para entender cómo nació la capital hay que remontarse al siglo XIII, cuando varias principados tailandeses se unieron para formar el primer gran reino del país, con Sukhothai como capital. Fue la cuna de la civilización tailandesa, marcada por un arte refinado y la creación de la primera escritura. En 1350 tomó el relevo un nuevo reino: Ayutthaya. Esta espléndida ciudad, cubierta de templos y palacios, se convirtió en uno de los mayores centros comerciales de Asia, negociando con China, India, Persia y Europa. Pero en 1767 las tropas birmanas destruyeron la capital y pusieron fin a su edad de oro. En medio del caos surgió un general carismático, Taksin, pronto apodado “el Grande”. Expulsó a los invasores y estableció una nueva capital en Thonburi, en la orilla derecha del Chao Phraya. Su reinado fue breve: en 1782 Rama I tomó el poder, fundó la dinastía Chakri —que todavía reina hoy— y trasladó la capital a la otra orilla del río. Entonces no era más que un pequeño pueblo de pescadores llamado Ban Kok, “el pueblo del ciruelo silvestre”. Pero, como tantas veces en la historia, los grandes imperios nacen en los lugares adecuados: un río para defenderse, viajar y comerciar… y el resto lo tienes ante tus ojos. De aquel pequeño puerto nació la inmensa capital de Tailandia. Y si quieres sumergirte de lleno en este relato, dedica al menos dos horas a recorrer el Gran Palacio: el recuerdo te durará mucho más.

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