Historia

©Lokal_Profil - CC BY-SA 2.5

Shanghái es una ciudad que resume por sí sola toda la historia moderna de China. Situada en la desembocadura del río Yangtsé, a orillas del Huangpu, a principios del siglo XIX no era más que un pequeño puerto de pesca y de comercio local. Su destino cambió en 1842, al finalizar la Primera Guerra del Opio: el Tratado de Nankín, firmado entre China y el Reino Unido, obligó al Imperio chino a abrir varios puertos al comercio internacional, entre ellos Shanghái.

Las potencias extranjeras se instalaron entonces aquí y crearon sus propias concesiones, territorios administrados según sus propias leyes e intereses. Ingleses, franceses, estadounidenses y japoneses levantaron bancos, consulados, iglesias y compañías comerciales, y en pocas décadas Shanghái se transformó en una ciudad global, un puerto bajo fuerte influencia extranjera donde se mezclaban culturas, lenguas y fortunas de todas partes. Fue el inicio de un periodo fascinante en el que convivieron las concesiones europeas, la presencia estadounidense y los barrios chinos tradicionales, haciendo de Shanghái un cruce cosmopolita que simbolizaba tanto la apertura como la dependencia respecto a Occidente.

En las décadas de 1920 y 1930, la ciudad vivió una auténtica ebullición y pasó a ser conocida como el “París de Oriente”: sus avenidas con edificios art déco, sus teatros, cabarés y periódicos multilingües reflejaban un nivel de modernidad inédito en Asia, aunque tras ese brillo también se escondían pobreza, desigualdades y tensiones políticas. Fue en este contexto de injusticias y cambios profundos cuando surgió una idea nueva: transformar China desde dentro. En 1921, en una pequeña casa del barrio de Xintiandi, trece jóvenes delegados de todo el país se reunieron en secreto.

Inspirados por la Revolución rusa y los ideales de justicia social, fundaron el Partido Comunista Chino. Aquel primer congreso, todavía modesto, reunió a maestros, obreros e intelectuales, entre ellos un joven Mao Zedong, con la ambición de liberar China de la dominación extranjera, unificar el país y dar voz al pueblo. Aunque pasó casi desapercibido en su momento, aquel encuentro se convertiría en uno de los grandes puntos de inflexión de la historia china y, tras décadas de luchas, acabaría desembocando en la fundación de la República Popular China en 1949.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Shanghái sufrió la ocupación japonesa, los bombardeos y grandes oleadas de desplazados, hasta su liberación en 1945. Cuatro años después, la ciudad entró en una nueva etapa. Durante un tiempo cedió protagonismo a Pekín y Cantón, pero a partir de los años noventa recuperó un papel central cuando el distrito de Pudong se convirtió en el gran símbolo de la modernización económica del país.

Los rascacielos comenzaron a elevarse, la industria se transformó y Shanghái volvió a ser la capital financiera y cultural del mundo chino. Hoy es una metrópoli de más de veinte millones de habitantes, el reflejo de un país en constante transformación, donde cada calle conserva la huella de siglo y medio de cambios y renacimientos.

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