Estatua de Pépézuc

La Place Pépézuc es un pequeño rincón del centro histórico que lleva el nombre de uno de los personajes más queridos y antiguos de Béziers. Frente a ti se alza la estatua de Pépézuc, una copia al aire libre de una escultura romana de mármol de casi dos mil años, cuyo original —sin cabeza ni brazos— se conserva hoy en el Musée du Biterrois. No se sabe con certeza a quién representaba: quizá el emperador Augusto, quizá un gobernador encargado de restaurar la vía Domitia, o tal vez un notable local. Pero los biterrois le dieron otra identidad. En la Edad Media ya lo apodaban “Pépézuc”, seguramente porque su postura parece un poco torcida, y muy pronto la estatua se convirtió en un héroe popular. La tradición cuenta que un capitán con ese nombre habría rechazado a los ingleses en 1355, durante la cabalgada del Príncipe Negro, impidiendo que los soldados entraran por la cercana rue Française, la gran arteria de Béziers. Así nació el Pépézuc defensor mítico de la ciudad. Con los siglos, los habitantes hicieron de él una figura familiar: en las fiestas medievales des Caritats lo pintaban, lo vestían, bailaban a su alrededor y gritaban “¡Vive Pépézuc!” —viva Pépézuc— como si siguiera entre ellos. Hoy su nombre resurge en estas celebraciones recuperadas, y su estatua marca con orgullo la entrada de la rue Française, justo donde la tradición dice que protegió la ciudad.

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