

La Plaza de Armas de Cusco
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Como casi todas las plazas principales de las ciudades de Perú, esta también se llama Plaza de Armas. Pero que no te engañe un nombre tan común: seguramente sea una de las más importantes del país, e incluso de Sudamérica. En tiempos del Imperio inca, esta plaza se llamaba Huacaypata.
Era el doble de grande que hoy y tenía un aspecto completamente distinto. Nada que ver con las arcadas coloniales y las imponentes iglesias que ves ahora: este era el centro neurálgico, político y religioso de todo el imperio. Aquí, todos los caminos no llevan a Roma, sino a Cusco.
Para que te hagas una idea, las grandes rutas andinas del famoso Qhapaq Ñan convergían precisamente aquí, a los pies de la estatua dorada que preside el centro de la plaza. Y difícilmente podríamos haber elegido un verbo mejor que “presidir”, porque quien tienes ante ti es Pachacútec, uno de los grandes emperadores incas. Su nombre significa literalmente “el que cambia el mundo”.
¡Y vaya si hizo honor a su nombre! En el siglo XV, fue él quien transformó el pequeño reino local de Cusco en un inmenso imperio: el Tahuantinsuyo. Cuenta la historia que llegó al poder después de una victoria militar totalmente inesperada contra los chancas, los grandes enemigos de Cusco, que lo convirtió en un líder respetado.
De hecho, a Pachacútec se le deben algunas de las mayores obras de la región. Rediseñó la ciudad de Cusco, reorganizó todo el imperio y amplió la red de caminos andinos. Pero, sobre todo, se cree que fue él quien ordenó construir el mítico Machu Picchu.
En definitiva, un fundador fuera de serie que, todavía hoy, sigue velando por esta plaza.
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